Guía del Conductor CDMX
Educación vial sin aburrir: humor, sarcasmo y conciencia
para sobrevivir en el tráfico chilango
El Artículo 5° del Reglamento de Tránsito

🛑 Artículo 5, pero explicado sin bostezar 🛑
(O cómo no morir atropellado
mientras intentas ser un peatón ejemplar)
A ver, mis queridos caminantes del caos citadino —ustedes, los que esquivan coches, motos, patinetas y hasta perros con correa retráctil—, aquí va la guía oficial de supervivencia del peatón moderno.
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Si un agente de tránsito, un “agente autorizado”, un “personal de apoyo vial”, o incluso un promotor voluntario (o sea, alguien con chaleco y mucha iniciativa) te dice algo… ¡hazle caso! Aunque no sepas quién es, tú sonríe, asiente y evita discutir: recuerda que el silbato siempre gana.
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Cede el paso a quien vaya con bastón, muletas, andadera o carrito de súper empujado con dificultad.
Si ves a alguien con movilidad limitada, no te hagas el ciego: que la única discapacidad no sea la empatía. -
Si usas patineta eléctrica, bicicleta, triciclo motorizado o cualquier invento del demonio con llantas y pila:
a) No te creas el Rayo McQueen, da el paso al peatón de a pie.
b) No vayas a 50 km/h en la banqueta, no estás en “Rápidos y Furiosos: edición banquetera”.
c) Y, por amor a la gravedad, no te amarres de los camiones. No eres Spider-Man, mi chavo. -
Antes de cruzar la calle, haz lo que tu mamá te enseñó: mira a los dos lados.
Y si haces contacto visual con el conductor, mejor; que al menos sepa a quién le va a tocar frenar… o confesar. -
Si escuchas sirenas, luces, ambulancias o bomberos, no te atravieses como mártir.
Deja pasar al que sí tiene urgencia. Tú, tranquilo: el tráfico eterno no se va a ir. -
Cruza por la esquina, el cruce peatonal o el lugar donde se supone que debes cruzar.
Si la calle es chica, puedes cruzar en cualquier punto… pero con dignidad y precaución, no con la fe ciega del “a mí no me pasa nada”. -
Si hay puente peatonal o paso a desnivel, úsalo… salvo que esté tan lejos que parezca la peregrinación a Chalma.
Entonces, sí, cruza donde puedas, pero sin retar a los autos a un duelo de reflejos.
Y si no cumples alguna de estas reglas, no te preocupes:
el agente no te va a multar… solo te va a amonestar verbalmente, o sea, te va a echar un regaño con tono de decepción paternal.
Mientras tanto, las autoridades —esas figuras míticas que dicen que “garantizarán tu seguridad”— prometen mantener las banquetas libres de obstáculos… aunque a veces haya más puestos, baches y motos que espacio para caminar.
💡 Moraleja final (voz de Brozo):
Ser peatón en esta ciudad es como jugar “Frogger” pero en modo pesadilla.
Así que camina con cuidado, sonríe al tránsito, y recuerda:
El Reglamento te cuida… pero más te cuidas tú.





